Desayuno en la Pepona

Una pareja amorosa habla bajito y se toca la cara frente al ventanal de La Pepona, una cafetería con ocho mesitas amarillas en el viejo Palermo. Sin maquillaje, sin prisa, sin celulares en la mesa, se endulzan palabras. Sencillos. Sin mucho anuncio. Sólo ellos, sus tenis color crema y azul turquesa y dos cafés con espuma servidos en tazas de cerámica blanca.Estoy en Buenos Aires y despierto a la 1:00 de la tarde, luego de despedir al queridísimo bailarín Julio Bocca en un enorme evento público en la Plaza de la República. Con el Obelisco de fondo , una luna llena en lo alto y un fresquito que me movía la falda. Fue una noche hermosa.
Luego de emocionarnos con los bailes, los abrazos y los besos de despedida a la estrella del ballet, nos fuimos a casa de Ximena, Christian y Santiago, (el hermoso e inteligente hijo de Christian). Estuve hasta las 4:00 (tal vez) de la mañana, jugando Scrabble y entiendo los acontecimientos más tristes de los pasados 30 años en este país. Treinta mil desaparecidos durante la década de los 70. TREINTA
MI
L. Calculo, que los desaparecidos suman, más o menos, todo el público que llenó la Plaza de la República a ver a Bocca.La única diferencia eran los hechos aterradores que vivieron miles de argentinos, de familias, que tuvieron que escapar, esconderse o sufrir la muerte de sus seres queridos.
Treinta mil. Christian y Ximena me narran los hechos y no puedo olvidar la cifra. Se me queda grabada en la memoria. Treinta mil. Un verdadero genocidio. Treinta mil.
Por más de tres horas nos metemos en el juego de mesa, mientras nos bajábamos dos botellas de Merlot de la Patagonia, ricos, divinos. Treinta mil.
Cagón, Fede, hoyas, ex, cerámicas, bar, balón, gol, pus, tu, fa, ni, no, si, tele, quemada, vio, ve, ver fueron algunas de las palabras que fuimos construyendo desde el comedor de este apartamento ubicado en el centro de Buenos Aires.
Las conversaciones de esa época me dan un sentido profundo de tristeza, un hondo pesar. ¿Cómo evitar este tipo de barbaridad en el futuro? ¿No estaremos poco a poco en Puerto Rico, presenciando una guerra lenta, unas muertes períodicas de jóvenes y víctimas por el narcotráfico, que llegarán y sobrepasarán decenas de miles?
Las palabras de Martorell
Recuerdo unas palabras que me dijo el pintor Toño Martorell hace poco (durante una entrevista), sobre la grave crisis social que atraviesa Puerto Rico.
Me comentó Toño, lo difícil que es cambiar el mundo, el país, incluso tu barrio. Pero
una puede aspirar a cambiar su calle, su familia y a una misma. Desde esta perspectiva, las acciones podrán tener un impacto directo en la gente, sin intentar alcanzar derroteros imposibles.Esa es una de mis metas, poder contagiar con buena vibra a mi círculo íntimo (tanto a los que coinciden con mi punto de vista, como los que no). Auchhhh, aunque a veces sea tan difícil, respirar profundo y armarse de paciencia...Este es mi camino, más próximo a la paz.

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