

.... para dejar que el viento decida mi rumbo. Me levanto, a buscar un lugar donde comer siguiendo las recomendaciones de la guía de Lonely Planet. Finalmente decido caminar por el barrio donde me estoy hospedando, Palermo Viejo. Ya es mi sexto día acá y es cuando me pongo a caminar de verdad. Sin mucho rumbo, sin ninguna prisa, con mi camarita en el bolsillo y la brisa fresca de la tarde.
Realmente caminar es un lujo. Caminar así, sin tener miedo a que te roben, te pise un carro o algún suceso violento te persiga. Que mucho necesitamos los puertorriqueños caminar!!!!!! Una ciudad, como el Viejo San Juan, pero conectada por aceras grandes, muchos árboles, buen sistema de transportación pública y si es posible, un subway, o un subte, como le llaman acá. Ese día me acosté feliz, sintiendo que había hecho algo maravilloso: caminar. !Y no necesariamente las caminatas que nos tiramos en Plaza Las Américas para comprar regalos!
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