Såo Paolo: lo tomo con calma
Luego de varios días de playa en Ubatuba, decido agarrar mis días con calma en Såo Paolo. Me voy al centro comercial gay, al lado de la Avenida Paulista, a un paso de casa de Ricky y me paso un blower... Un éxito. El estilista se llama Marcelo y me dio un masaje rico y con mucha delicadeza. Esa noche salimos a conocer unos amigos de Ricky a un restaurante italiano de la ciudad. De ahí a una discoteca súper llena, que sólo duré 15 minutos en ella.
Una señal para
Esa noche conocí a Carlos, un madrileño que está visitando a Flavia, una periodista brasileña de la Foilha de Såo Paolo. Se sentó a mi lado, y de buenas a primeras nos pusimos a hablar de su viaje más reciente a Nepal. Tenía mi pulsera de Nepal puesta, justamene en la mano izquierda, a la misma dirección que se sentó Carlos.
Fue lindo hablar con él. Me contó de Kamandú, del Tíbet, de un viaje en Jeep por medio del país, para encontrar un monasterio donde quedarse con una amiga. Mientras más hablábamos, más alegría nos daba de habernos conocido.
"Tienes que ir a Nepal", me repitió en varias ocasiones. "Tienes que ir a Nepal".
Definitivamente voy a Nepal, pero este encuentro con Carlos me demostró una vez más el poder de la ley de atracción.Todo lo que está dándome vueltas en la cabeza y el corazón se está concretando en mi vida de una manera bárbarba... Es cuestión de seguir fluyendo escuchando las señales que te da la vida.
"Este encuentro no es casualidad", me dijo Carlos. Y desde luego que no lo fue.
De Såo Paolo iba para Machu Picchu y luego de vuelta a Río, para encontrarse con unos amigos. Carlos me pareció que tiene el alma libre, como la mía. Fue nítido encontrármelo en Såo. Y quién sabe, si nos volvamos a ver en Madrid.
Relaxation is the
En mi viaje a Nueva York en octubre pasado, encontré una frase por algún lugar que ya no recuerdo, que se me quedó grabada durante mis días en la ciudad. "Relaxation is the key". Cuando más ansiosa estoy, es cuando intento soltar más. Dejarme ir. Tomar un masaje, cantar, bailar o simplente acostarme sobre el piso o la cama y mirar el techo, sentir la respiración. Cuando hago esto, todo se compone dentro de mí y comienzo a fluir otra vez. En medio de este viaje, he sentido la presión interna del dinero, de cumplir con deadlines con Puerto Rico, con mil y un rocheo que me vienen a la mente, cuando más estoy disfrutando. Así que decidí que era tiempo de darme cariño.
Encontré este lugar de masajes en Såo Paolo y no lo pensé mucho. Me metí allí y por más de 30 minutos, un masajista ciego, me apretó los nódulos de la espalda, me estiró la espina dorsal, me frotó los dedos de

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